Tuesday 21st November 2017,
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Crónica Low Cost Festival 2013: Tantas cosas…

Agustina Barbaresi 10/08/2013 Crónicas, Rock, Todas las entradas No hay comentarios
Crónica Low Cost Festival 2013: Tantas cosas…

Texto: Agustina Barbaresi
Fotos: Víctor Mohedano


Puede parecer el típico lugar común de crónicas como ésta, pero un festival de música es muchas cosas, no sólo un conjunto de conciertos que se sucede uno detrás de otro. Un festival es sinónimo de masa, de decibelios, de calor (al menos en las citas españolas), de postureo, de saltos, de coros, de furia, de risas… Es tantas, tantas cosas, que se necesitarían muchas páginas para dejar constancia de ello y ni siquiera así sería suficiente para narrar lo que se vio, lo que se vivió.


Poco queda por escribir, sobre todo después de los días transcurridos, de la edición del Low Cost Festival 2013, la del quinto aniversario, el 25, 26 y 27 de julio, que volvió a llenar a una ciudad tan denostada como Benidorm de una fauna por lo general poco habitual en el llamado ‘Manhattan mediterráneo’. Pero ya que tenemos unas fotos tan espectaculares y que aquí mandamos nosotros, hagamos un “más vale tarde que nunca” en toda regla.


Debo confesar que no voy a hacer siquiera el esfuerzo de publicar aquí una crónica falsamente ‘objetiva’. Y es que mantengo una relación de amor-odio con la ciudad del ladrillazo y la movida guiri, porque parte de mi vida ha transcurrido en ella. Vi nacer el Low Cost con todo el escepticismo del que conoce bien el terreno y aquella primera edición, incluso con algún fallo que otro, me impresionó. Demostró que aquí podía haber calidad de verdad.


Año a año, lo vivido y lo contado ha demostrado que el Low se ha hecho un hueco muy importante en la agenda de festivales españoles, en un momento tan difícil en el que incluso el FIB estuvo apunto de colgar el cartel de ‘cerrado por derribo’. Sigue siendo un festival que apuesta mucho por la escena española, quizá el que más, y es una de las cosas que algunos le critican, pero siempre consigue aportar un cabeza de cartel con sabor foráneo que cierra bocas.

Este año, sin embargo, los cabezas no fueron lo mejor de todo. Muy aclamados Two Door Cinema Club, sí, pero también hubo algún ‘fiasco’, o mejor dicho: grupos que tienen difícil encaje en la ristra de conciertos que se suceden un festival. Meter en una sola coctelera a Belle and Sebastian, Portishead y Crystal Castles puede dar resultados desiguales, y ésa fue lo que pasó. Belle lo dio todo de un modo elegante y contenido, y llenó el escenario en número y notas. El problema es que, aunque los incondicionales se desgañitaban desde el principio, con especial ahínco desde que sonó ese ‘I want the world to stop’, buena parte del público prefirió ir y venir.


Portishead gustó a los más introspectivos y se dio un baño de masas en el escenario Budweiser, aunque esa masa en general se mostró también algo distraída a pesar de las ásperas caricias de la voz de Beth Gibbons. Quizá la medianoche es más una hora para subir que para bajar. Paradójicamente, los que buscaban una ‘subida’ es posible que se arrepintieran de su deseo cuando Crystal Castles desplegó toda su artillería. Al principio impactó, pero su directo se fue perdiendo en una espiral de locura, vatios y flashes imposibles de seguir. Aburrimiento y shock fueron algunas de las palabras más repetidas. Sin duda, lo mejor del sábado fue lo inesperado: después de la bofetada de Crystal, la gente necesitaba baile y buenas vibraciones, y eso fue justo lo que repartió Monarchy en un baño de colores sólidos, adornados con hombreras puntiagudas. Buenos, muy buenos, muy necesarios en ese momento en el que alguno ya se había planteado tirar la toalla y reservar el resto para el domingo.

Entre los españoles, vitoreados Lori Meyers, que siguen fundiéndose con el escenario y enamorando a fieles y no tan fieles; infalibles Love of Lesbian y Santi Balmes en perpetuo estado de gracia. Los Enemigos poniendo la dosis de rock de siempre, Zahara bañada por el atardecer y la alegría y Delafé sacando la varita mágica, con la que regaló algunos de los momentos más naïf del fin de semana, fueron algunos de los toques de diferencia. En la otra cara de la moneda, sólo una palabra para Fangoria: playback.

En suma, una cita más, una cita menos. La de la milla de chiringuitos y sus comidas del mundo, la de la botella gigante de Jägermeister, la de las gafas de espejo de mil colores, la de los vasos de plástico colgados al cuello, la del cocodrilo hinchable bailando sobre nuestras cabezas. La de tantas, tantas cosas.

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